Los problemas de autoestima están a la orden del día. Muchas
veces hablamos de tener la autoestima baja, de la necesidad de subir esa
autoestima que, en realidad significa querernos un poco más a nosotras mismas.
Pero la autoestima sigue presentándose como un concepto abstracto al que no
podemos definir del todo ni mucho menos delimitar. La autoestima es la
percepción que tenemos de nosotras mismas. Abarca todos los aspectos de la
vida, desde el físico hasta el interior, pasando por la valía o la competencia.
Se trata de la valoración que hacemos de nosotras mismas que no siempre se
ajusta a la realidad y esa valoración se forma a lo largo de toda la vida y
bajo la influencia de los demás. Lo que los demás ven en nosotras o, más bien
lo que nosotras pensamos que los demás ven, es crucial para determinar nuestro
grado de autoestima. Entramos en el terreno de la seguridad y la confianza en
una misma, minado por las influencias del exterior. Pero si hay algo que
determina el estado de salud de nuestra autoestima es la infancia. El refuerzo
positivo o negativo con el que nos hayamos contado desde los primeros pasos de
nuestra vida va a ser fundamental para nuestra seguridad emocional en el
futuro. Lo ideal es mantener la autoestima alta y para ello existen una serie
de técnicas que iremos viendo a lo largo de las siguientes semanas. Hay que
tener muy claro que la autoestima se puede mejorar, aumentar y que no solo se
puede, sino que además se debe. Porque los problemas de autoestima no afectan
solo a al desarrollo personal. Los problemas de autoestima se observan en todos
los ámbitos de la vida, desde las relaciones sociales, hasta la vida
sentimental, pasando por el ámbito laboral. Una autoestima baja puede llevarnos
a un menor rendimiento en el trabajo, a una inseguridad personal que genere
trastornos emocionales o relaciones autodestructivas.
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